Puerto Rico
Desde Puerto Rico, el semillero impulsado por Helen Ceballos propone una exploración artística donde la fotografía
analógica, las piedras y la memoria afectiva se convierten en territorios de resistencia frente al olvido colonial.
Coordinadora del semillero
MARÍA CRISTINA (HELEN) CEBALLOS
“Trabajo con lo que me conmueve; mis obras son las preguntas que habitan mi cuerpo.”
Creadora de performance, fotografía y videoarte. Fundé Plataforma Eje, una organización que impulsa iniciativas artísticas y pedagógicas con perspectiva feminista, antirracista y decolonial, comprometida con la defensa de las autonomías isleñas del Caribe. También creé El Cruce, una residencia artística que promueve el intercambio de experiencias entre creadoras y creadores del Caribe desde prácticas colaborativas, afectivas y transdisciplinarias.
Soy una mujer cuir, afrodescendiente, transfronteriza y obrera del arte y la gestión cultural. Nací en el Caribe de los años ochenta. Tengo 39 años y he vivido en once ciudades, siete países y cuarenta y dos casas. Llevo más mudanzas en el cuerpo que años en el mundo, y son precisamente esos desplazamientos los que han dado forma a mi obra.
Entiendo el performance como un archivo vivo donde el cuerpo conserva las huellas de la experiencia cotidiana. En la fotografía confluyen lo teatral, lo plástico y lo performático. Trabajo con aquello que me atraviesa; cada proyecto nace de una pregunta, una emoción o una memoria que insiste en permanecer. Mi práctica artística explora los afectos, el territorio y los desplazamientos como formas de imaginar otras maneras de habitar el Caribe.
TOPOGRAFÍAS DEL AFECTO
Topografías del Afecto es una investigación artística que entrelaza la fotografía analógica, la piedra y los afectos colectivos para explorar la relación entre memoria, tiempo y territorio. La imagen deja de ser un registro fugaz para convertirse en una presencia que dialoga con la materialidad del paisaje.
A través de un proceso manual de fototransferencia, las imágenes habitan superficies minerales cuidadosamente recolectadas. Cada fotografía nace de escenas atravesadas por la comunidad, la historia y los vínculos afectivos; luego es revelada, seleccionada y transferida a la piedra, creando archivos sensibles que desafían el olvido y las formas hegemónicas de representación.
Cada piedra posee una textura, un peso y una historia que transforman la imagen en un objeto único. Así, la obra propone una contemplación pausada donde fotografía y territorio se encuentran para afirmar que la memoria también puede sostenerse en aquello que permanece.

